Educar sin excluir: ampliar las posibilidades desde la educación

Educar sin excluir: ampliar las posibilidades desde la educación

24 de enero: ¿Educación para todos o educación para algunos?

Una mirada crítica desde los derechos humanos y la discapacidad

Cada 24 de enero se conmemora el Día Internacional de la Educación, instaurado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018 para resaltar la educación como derecho humano fundamental, bien público y herramienta para el desarrollo sostenible, la paz y la igualdad. Esta fecha no solo celebra logros, sino que obliga a examinar las brechas persistentes que impiden que millones accedan a una educación realmente inclusiva.

La educación universal, proclamada hace décadas, sigue siendo un ideal lejano para muchas personas con discapacidad. Ese desafío es particularmente serio si se observa con perspectiva de derechos humanos: el derecho a la educación está protegido por múltiples instrumentos internacionales, entre ellos la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD), que en su artículo 24 obliga a los Estados a garantizar un sistema educativo inclusivo en todos los niveles y a lo largo de la vida.

Sin embargo, los datos globales muestran una realidad brutal: la inclusión educativa aún no es una realidad para todos. Según el Global Education Monitoring (GEM) Report de UNESCO, en países de ingresos bajos y medios hasta la mitad de los niños con discapacidad quedan excluidos de la educación y, entre quienes sí asisten, es más probable que no alcancen niveles mínimos de lectura y habilidades básicas en comparación con niños sin discapacidad.

¿Qué significa realmente la inclusión? Más allá de palabras, hacia hechos

Hablar de educación inclusiva no es solo un acto simbólico: es un principio estructural que exige transformaciones profundas en las políticas, prácticas y culturas escolares.

Garantizar el derecho a la educación implica, como mínimo:

  • Docentes formados en inclusión pedagógica y atención a la diversidad.
  • Infraestructura accesible física y comunicacionalmente.
  • Ajustes razonables y apoyos especializados (desde asistentes educativos hasta tecnologías asistivas).
  • Metodologías flexibles y evaluación continua de resultados reales.

Estos componentes no son “extras”, sino condiciones sine qua non para que una educación que se llama “inclusiva” no sea solo retórica.

La inclusión implica reconocer que no existe un solo modelo de aprendizaje válido para todas las personas. La diversidad cognitiva, sensorial, motora o comunicacional no es un obstáculo, sino una variación humana que enriquece los procesos pedagógicos cuando se atiende con intencionalidad y recursos adecuados.

Comparativas globales: educación inclusiva en perspectiva

GEM Report y brechas persistentes

  • En varios países de ingresos bajos y medios, niños con discapacidad tienen hasta un 19% menos probabilidad de alcanzar competencias básicas de lectura que sus pares sin discapacidad.
  • A nivel global, la falta de datos confiables sobre estudiantes con discapacidad vuelve a este grupo “invisible” en muchos planes educativos nacionales, lo que perpetúa la exclusión y dificulta la rendición de cuentas.

Inclusión: no solo en teoría

Organismos internacionales como UNICEF subrayan que la inclusión no se limita a la discapacidad, sino que abarca también género, origen étnico y pobreza, ya que todos estos factores pueden conllevar exclusión educativa estructural.

Ecuador: avances normativos, desafíos en la práctica

En Ecuador, el marco legal es sólido en términos formales. La Constitución, la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI) y la Ley de Personas con Discapacidad establecen la educación inclusiva como un derecho y obligan al Estado a garantizarlo equitativamente.

Además, Ecuador es Estado Parte de la CRPD, lo que refuerza su compromiso internacional con garantizar educación inclusiva como un derecho fundamental.

¿Qué dicen los datos?

  • Según registros oficiales, alrededor del 78% de la población escolar con necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad (3–17 años) asiste a la escuela.
  • El sistema educativo ecuatoriano ha implementado Unidades Distritales de Apoyo a la Inclusión (UDAI) para evaluar y orientar a estudiantes hacia modelos educativos adecuados, ya sea ordinario o especializado.

Estas cifras sugieren avances, pero también dejan interrogantes sin responder: ¿Qué calidad de apoyo reciben estos estudiantes? ¿Cuántos abandonan antes de completar ciclos educativos? ¿Cómo se mide el aprendizaje real y la participación plena en la escuela? Los informes disponibles no siempre responden estas preguntas con claridad, lo que dificulta evaluar el impacto real de las políticas.

La educación como llave de otros derechos

Una educación verdaderamente inclusiva abre puertas fundamentales:

  • Participación social plena
  • Autonomía y toma de decisiones
  • Acceso a empleo digno
  • Desarrollo comunitario

No se trata solo de asistir a clases, sino de que la educación sea un trampolín que permita a las personas con discapacidad vivir con dignidad, ejercer otros derechos y contribuir activamente a la sociedad.

Conclusión: del compromiso a la acción

Garantizar el derecho a la educación para personas con discapacidad requiere más que buenas leyes; exige voluntad política, inversión sostenida, datos confiables y participación de las propias comunidades con discapacidad. El reto global y local es evidente: aún cuando la educación es un derecho proclamado por la ONU, millones siguen enfrentando barreras tangibles para acceder, permanecer y aprender en condiciones de igualdad real.

Conmemorar el Día Internacional de la Educación es, por tanto, un llamado urgente a transformar discursos en políticas robustas, inversiones reales y prácticas escolares que no dejen a nadie atrás.

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